Los estudios han detectado que las comunidades esquimales y las de pescadores japoneses tenían una tasa baja de enfermedades cardiovasculares. Ello se debe a la presencia en su dieta de un ácido esencial importante: el EPA, obtenido a través del consumo de pescado.
Los ácidos grasos esenciales que se encuentran en los aceites de pescado son principalmente de la serie OMEGA 3. Los más representativos son el EPA (Ácido Eicosapentanóico) y el DHA (Ácido Docosahexaenóico). Los estudios han detectado que las comunidades esquimales y las de pescadores japoneses tenían una tasa baja de enfermedades cardiovasculares. Ello se debe a la presencia en su dieta de un ácido esencial importante: el EPA, obtenido a través del consumo de pescado.
El EPA estimula la producción de las Prostaglandinas de la serie 3, las cuales reducen la coagulación sanguínea evitando un mayor índice de trombosis, a su vez actúan sobre la pared de los vasos sanguíneos reduciendo la presión arterial. Por otro lado, reduce los niveles en sangre de lipoproteínas de baja densidad (LDL), incrementando así la cantidad relativa de las lipoproteínas de alta densidad (HDL), implicadas en el metabolismo y eliminación del colesterol. Los ácidos grasos OMEGA 3 juegan un importante papel en el sistema inmunitario, ya que alteran la actividad de los monolitos, que se adhieren a los revestimientos arteriales y se convierten en macrófagos.
El DHA es esencial para el desarrollo normal del cerebro y de la vista; se transmite de la madre al feto vía placenta. Tras el nacimiento, la fuente principal de DHA es la leche materna.
Estudios realizados revelaron que los niños con un diagnóstico de trastorno por hiperactividad y falta de atención tenían menos niveles de ácidos grasos esenciales, como el DHA, en la sangre en comparación con los niños que no tenían ese problema.
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