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  • Ene 1, 2008

Ortorexia, la obsesión por la dieta adecuada

El exceso de información y el aumento de la oferta alimentaria hacen que cada vez más personas se obsesionen con la dieta natural. Sufren ortorexia, un trastorno que las aísla socialmente.

Fuente: Sur Digital  - Ver más

¿PASA varias horas al día pensando en la dieta y planificándola? ¿Se preocupa más de la calidad de los alimentos que del placer de comerlos? ¿Se siente culpable cuando se salta sus normas dietéticas? ¿Le aísla socialmente su manera de comer? En caso de respuesta afirmativa, es posible que haya caído o esté a punto de caer en la ortorexia, es decir, la obsesión por la comida sana y biológicamente pura, cultivada sin pesticidas ni herbicidas. El término lo acuñó hace siete años el médico estadounidense Steve Bratman, que en el libro 'Yonquis de comida sana' se confesaba como un «comedor de extremos». Desde entonces, el trastorno ha seguido extendiéndose, incluso ha duplicado su incidencia en los últimos años a raíz de la abundancia de información y de la diversificación del mercado. 

Conocer el origen de los alimentos que ingiere se convierte, por tanto, en prioridad absoluta para el ortoréxico. La tendencia se deja sentir en las consultas médicas, que constatan un progresivo aumento de casos. Se calcula que en torno al uno por ciento de la población padece este trastorno y casi un millón de personas ya ha hecho de los productos naturales la base de su dieta. «Se está notando una mayor incidencia de los problemas de tipo obsesivo y, como está de moda comer sano, la ortorexia se extiende», advierte el jefe del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico de Málaga, Francisco Tinahones, que incide en que se trata de una obsesión. «Hay personas que rechazan los aditivos o que deciden hacerse vegetarianas como opción personal, en ese caso, compensan sus posibles carencias nutritivas con suplementos vitamínicos y no hay mayor complicación. El problema es que la ortorexia es una decisión que se lleva al extremo y que imposibilita llevar incluso una vida social normal», asegura Tinahones. De hecho, este tipo de pacientes llega a alejarse de sus familiares y amigos por culpa de la dieta. Su desconfianza hace que rehuyan hasta de acudir a restaurantes.

La psicóloga María José González asegura que estas personas dejan de ir a reuniones que impliquen comer en casas o sitios públicos que no garanticen una alimentación sana. Eso sí, a veces llevan su propia comida, «lo cual crea malestar en los anfitriones, provocando auténticos ataques verbales sobre los alimentos que van a ingerir los demás o sobre sus formas y hábitos de alimentación. Este malestar hace que se produzca un distanciamiento cada vez mayor en sus relaciones».

La comida se convierte, así, en el centro de sus vidas. Hasta tal punto, que incluso prefieren ayunar a consumir alimentos que no entren dentro de sus convicciones. Según Nuria Reig, terapeuta del Instituto de Trastornos Alimentarios, el ortoréxico suele ser una persona muy perfeccionista, autoexigente, muy rígida y que necesita moverse dentro de unas normas. La falta de autoestima, la inseguridad y el miedo fracaso pueden tener también su influencia.

Algo de hipocondría

María José González va más allá, y justifica este trastorno en una predisposición genética modulada por un perfil psicológico propio de personas hipocondríacas, con tendencias obsesivas o con comportamientos obsesivo-compulsivos. Esto explicaría el carácter de ritual que en muchas ocasiones rodea la preparación y conservación de los alimentos: algunos se niegan a cortarlos para no estropear su aura; otros sólo admiten vajillas y utensilios de madera; otros los mastican una número exacto de veces antes de tragarlos... Invierten su jornada en planificar al milímetro las comidas, examinan y comparan etiquetas. Sin duda, ser ortoréxico requiere su esfuerzo. Y no sólo por el tiempo que hay que dedicar a la meticulosa organización del menú, sino también por la dificultad de conseguir los productos.

No en todos los supermercados se encuentran alimentos ecológicos, probióticos, dietéticos, integrales o sin aditivos. Y es que, en la cesta de la compra del ortoréxico, no entra nada que escape a su control, ni, por supuesto, alimentos manipulados industrialmente. Todo natural. En consecuencia, el bolsillo se resiente -hasta diez veces más se puede pagar por estos productos-.

El doctor Tinahones recuerda el caso de una paciente que sufrió «un deterioro económico importante» a causa de este trastorno. Pero poco les importa. Como sostiene la psicóloga Nuria Reig, «el miedo a ser envenenados y el sentimiento de gratificación cada vez que consiguen no comer alimentos prohibidos les hace sentir mejor».

Lo habitual es que los vegetales pasen a ser los protagonistas de la dieta. Aunque hay quien admite carne y pescado, siempre y cuando tenga garantías de que se han alimentado con productos naturales. Creen que, de lo contrario, pueden dañar su salud. No andan muy encaminados. «Hoy en día, la regulación de la industria alimentaria es muy severa, sigue unos controles muy exhaustivos. No hay evidencia de que los aditivos sean perjudiciales para el ser humano», observa Francisco Tinahones.

Crisis alimentarias

Una de las razones que han podido influir en esta preocupación por la dieta saludable es la proliferación de crisis alimentarias como las de las 'vacas locas', la fiebre aftosa o los pollos con dioxina. Así lo entiende la psicóloga María José González: «La abundancia de información negativa sobre los alimentos genéticamente modificados y los transgénicos, y de forma excesivamente positiva sobre los ecológicos o los biológicamente puros, han dado lugar a la búsqueda de una alimentación natural. Sin embargo, este exceso de información no siempre es del todo veraz». 

Es más, lejos de ser más saludable, la dieta del ortoréxico puede convertirse en un riesgo. La supresión de determinados nutrientes puede hacer que el organismo se resienta por la carencia de vitaminas y minerales. Por ejemplo, prescindir de la carne, el pescado o los huevos podría desembocar en anemia e incluso en una pérdida de masa ósea. «Una dieta saludable debe ser aquella que contenga todo tipo de nutrientes: proteínas, hidratos de carbono y grasas, restringiendo siempre las que son saturadas», aconseja Tinahones. 

Y hacia ese equilibrio se dirige el tratamiento de la ortorexia. Su finalidad, además de tratar los posibles trastornos emocionales, será que la persona analice y supere sus creencias erróneas sobre lo que considera una alimentación sana con la intención de que consiga modificar sus pautas.

 

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