El aceite de oliva, y especialmente el aceite de oliva virgen extra, ocupa un lugar privilegiado dentro de la dieta mediterránea. Su interés no se limita a su composición en grasas monoinsaturadas: también aporta diferentes compuestos bioactivos, entre ellos polifenoles, que han despertado un considerable interés científico.
Una investigación publicada en el Journal of the American College of Cardiology analizó los datos de 60.582 mujeres y 31.801 hombres pertenecientes a dos grandes cohortes estadounidenses: el Nurses' Health Study y el Health Professionals Follow-up Study.
Los participantes, que al inicio del seguimiento no presentaban enfermedad cardiovascular ni cáncer, fueron estudiados durante 28 años. Su alimentación se evaluó periódicamente mediante cuestionarios dietéticos.
Al comparar a quienes consumían más de media cucharada de aceite de oliva al día —más de 7 gramos diarios— con quienes prácticamente nunca lo consumían, los investigadores observaron una asociación con:
- 19 % menos riesgo de mortalidad por cualquier causa.
- 19 % menos riesgo de mortalidad cardiovascular.
- 17 % menos riesgo de mortalidad por cáncer.
- 29 % menos riesgo de mortalidad por enfermedades neurodegenerativas.
- 18 % menos riesgo de mortalidad por enfermedades respiratorias.
Importante: estos porcentajes representan asociaciones estadísticas observadas en un estudio de cohortes. No significan que tomar aceite de oliva reduzca individualmente el riesgo de morir exactamente en esos porcentajes ni permiten demostrar por sí solos una relación de causa y efecto.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio no fue únicamente cuánto aceite de oliva se consumía, sino qué alimentos sustituía.
Los modelos estadísticos mostraron que reemplazar unos 10 gramos diarios de margarina, mantequilla, mayonesa o grasa láctea por una cantidad equivalente de aceite de oliva se asociaba con reducciones del riesgo de mortalidad total y por diferentes causas.
Sin embargo, los investigadores no encontraron diferencias significativas cuando compararon la sustitución de otros aceites vegetales por aceite de oliva. Por tanto, los resultados respaldan especialmente la sustitución de determinadas grasas animales y grasas sólidas por aceites vegetales insaturados.
El aceite de oliva contiene principalmente ácidos grasos monoinsaturados, entre los que destaca el ácido oleico. El aceite de oliva virgen extra conserva además numerosos componentes minoritarios procedentes de la aceituna.
Entre ellos se encuentran los compuestos fenólicos, estudiados por sus propiedades antioxidantes y por su posible participación en mecanismos relacionados con la inflamación, el estrés oxidativo y la función vascular.
Los propios investigadores señalan entre los mecanismos potenciales la mejora de la función endotelial, el perfil lipídico, la sensibilidad a la insulina y la presión arterial, además de sus propiedades antiinflamatorias y antiaterogénicas.
El dato de la media cucharada diaria requiere cierta precisión. En el estudio, el grupo de mayor consumo tomaba más de 7 gramos diarios de aceite de oliva y presentó mejores resultados que quienes nunca o casi nunca lo consumían.
Esto no convierte los 7 gramos en una dosis terapéutica ni significa que exista una cantidad exacta que garantice mayor longevidad.
Además, la investigación se realizó en población estadounidense, cuyo consumo medio de aceite de oliva era considerablemente inferior al habitual en países mediterráneos como España.
Una cuestión de patrón alimentario
Más que interpretar el aceite de oliva como un alimento aislado o «milagroso», los resultados encajan con una recomendación mucho más amplia: utilizarlo dentro de un patrón alimentario saludable, rico en verduras, frutas, legumbres, frutos secos y otros alimentos propios de la dieta mediterránea.
La actualidad sobre esta investigación ha vuelto a cobrar protagonismo a raíz de las declaraciones divulgativas del cardiólogo Aurelio Rojas recogidas por 20minutos. Los resultados citados proceden de una investigación científica publicada originalmente en 2022.
Información de carácter divulgativo. La alimentación debe valorarse dentro del conjunto de la dieta y de las circunstancias individuales de cada persona.






