(Fuente: Fundación Española del Corazón) Diversos estudios apuntan que el consumo de frutos secos, dentro de una dieta equilibrada, aporta beneficios para la salud.
Una investigación llevada a cabo en Estados Unidos asocia su ingesta con una disminución de la prevalencia de factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico.
Seguir una dieta mediterránea puede aportar beneficios cardiovasculares aunque no produzca una pérdida de peso importante. La evidencia actual indica que la calidad del patrón alimentario también cuenta, más allá de lo que marque la báscula.
Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva virgen extra forman la base de este modelo de alimentación.
Las nueces son uno de los frutos secos característicos de la dieta mediterránea. Su contenido en grasas insaturadas, fibra y ácido alfa-linolénico (ALA), un ácido graso omega-3 de origen vegetal, las convierte en un alimento especialmente interesante dentro de un patrón de alimentación cardiosaludable.
Experimentos realizados por la universidad de Yale demuestran que los frutos oleaginosos tienen una considerable cantidad de aminoácidos, y que sus grasas tienen un alto valor biológico. No solamente ayudan a mantener la vida y el crecimiento, sino que administrados a madres lactantes y mujeres embarazadas mejoran la calidad de su leche.
Los frutos secos son un elemento imprescindible en nuestra dieta diaria ya que nos aportan nutrientes beneficiosos para nuestra salud. Están recomendados para el cuidado de la salud cardiovascular al ser ricos en ácidos grasos insaturados y poliinsaturados como el omega 3.