Un estudio publicado en 2015 relacionó el consumo de omega-3 con un menor riesgo de desarrollar un trastorno psicótico. Sin embargo, las investigaciones posteriores no han confirmado ese efecto preventivo.
Durante años se pensó que los complementos de omega-3 podían ayudar a prevenir nuevos infartos o accidentes cerebrovasculares en personas con enfermedad cardiovascular. Sin embargo, una revisión de varios estudios concluyó que los beneficios no eran tan claros como se esperaba.
Los niños que nacen con bajo peso presentan un mayor riesgo de desarrollar alteraciones cardiovasculares durante la vida adulta. Diversas investigaciones han estudiado si una alimentación rica en ácidos grasos omega-3 desde los primeros años podría contribuir al desarrollo normal del sistema cardiovascular.
Una alimentación rica en pescado azul, nueces, semillas y otros alimentos con omega-3 podría relacionarse con un mejor envejecimiento cerebral. Sin embargo, todavía no puede afirmarse que estos nutrientes prevengan por sí solos la enfermedad de Alzheimer.
Un pequeño ensayo publicado en 2010 sugirió que los omega-3 podían reducir el riesgo de desarrollar psicosis en jóvenes especialmente vulnerables. Sin embargo, los estudios posteriores no confirmaron de forma consistente aquel resultado.