En las antiguas civilizaciones orientales, hombres sabios amantes de la naturaleza, que en su entorno es muy rica, practicaron concienzudamente el arte de curar, seleccionando y extrayendo de las plantas, substancias activas que les permitieron afrontar de forma eficaz la casi totalidad de las dolencias.
El alcanforero (cinnamomum camphora) es un árbol de origen asiático del que se obtiene el aceite esencial del alcanfor al destilar su madera.
El harpagofito (Harpagophytum procumbens), conocido popularmente como garra del diablo, es una planta originaria del sur de África cuya raíz se utiliza tradicionalmente para el bienestar de las articulaciones.
El árnica (Árnica montana L.) es un buen remedio de uso tópico para aliviar el dolor de las contusiones, hematomas, luxaciones, esguinces e inflamaciones articulares. También está indicada para evitar la caída del cabello.