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Las algas comestibles contienen fibra, minerales y numerosos compuestos bioactivos. Las investigaciones de los últimos años apuntan a que algunas variedades podrían contribuir modestamente al control del colesterol y de la presión arterial.

Seguir una dieta mediterránea puede aportar beneficios cardiovasculares aunque no produzca una pérdida de peso importante. La evidencia actual indica que la calidad del patrón alimentario también cuenta, más allá de lo que marque la báscula.

Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva virgen extra forman la base de este modelo de alimentación.

Las espinacas contienen nitratos naturales que el organismo puede transformar en óxido nítrico, una sustancia relacionada con la dilatación de los vasos sanguíneos y la regulación de la presión arterial.

Lentejas, garbanzos, alubias o guisantes forman parte de nuestra tradición gastronómica y vuelven a ocupar un lugar destacado en las recomendaciones actuales. Las legumbres aportan proteína vegetal, fibra y minerales y su consumo habitual puede mejorar algunos factores relacionados con la salud cardiometabólica.

El aceite de oliva vuelve a situarse en el centro de la actualidad nutricional. Un amplio estudio realizado con más de 92.000 personas relacionó un mayor consumo de aceite de oliva con una menor mortalidad total y cardiovascular. Los datos ayudan a entender por qué esta grasa constituye uno de los pilares de la dieta mediterránea.